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Sin remontarnos a épocas demasiado prehistóricas,
está documentada la existencia de pueblos como los vetones que asentados
en castros del entorno aprovechaban los fértiles valles y sus aguas para
los ganados en invierno y las tierras más altas para el verano.
Este tipo de vida comunitario de los primeros pobladores marcó el estilo
de sus gentes. El habitante de Navalonguilla es apegado al trabajo y a
su palabra, tenaz, austero, sobrio, sencillo, religioso, perdurando, hasta
ahora, el exagerado amor a la patria chica.
Toman parte estas gentes en la defensa de estas tierras contra Asdrubal,
los que por su coraje y vizarria ya habían sido reclutados para acompañar
a los cartagineses hasta Roma. Los romanos encuentran en este valle riqueza
suficiente para montar un campamento fijo dentro de la provincia Lusitana,
que a través del puerto del Pico, de Tornavacas y de Sierra Llana, mantienen
comunicación constante con Mérida, la capital. Aunque las montañas fueran
baluarte, abrigo y muro de contención a las invasiones, muchos no se resistieron
por su riqueza y atractivos.
En el año 409 los alanos y después los suevos intentan dominar de nuevo,
los que encuentran la resistencia de sus gentes con el apoyo organizado
de los visigodos en el año 585.
Los árabes en su conquista fulminante de la península se instalan en estos
fértiles valles, organizando los cultivos de regadío con la construcción
de un sistema de acequias para aprovechar el agua de sus gargantas hasta
llegar a los rincones más insospechados. Es el primer pueblo de convivencia
estable durante muchos años que contribuye a la mezcla de sangre,
cultura, civilización y costumbres. En este periodo se construye el asentamiento
definitivo. Se da el nombre actual de Navalonguilla al igual que a cuantos
llevan también el prefijo de "Nava" en su entorno, como Navalguijo...
Dependiendo del Reino de Toledo, cuando éste es reconquistado en 1.085,
estos territorios pasan a integrar el Reino de Castilla, y así, cuando
Alfonso VI fundó para su hija Doña Urraca el Señorío de Valdecorneja,
Navalonguilla depende del castro del Barco, formando parte del sesmo llamado
del Tormal que aportaba a la alhóndiga 711 fanegas y trescuartos de trigo,
y 70 fanegas de centeno, con otras 79 fanegas y cuatro celemines de trigo
de Navalguijo.
El Emperador Carlos V conocía muy bien estos parajes y hablando de la
caza de la perdiz roja decía que aquí la caza era muy penosa al volar
los bandos fácilmente de una a otra cuesta, salvando estos valles tan
estrechos. Así mismo, las truchas de sus gargantas formaban parte del
regalo más preciado que cualquier noble, incluido el Duque de Alba, podía
enviarle a su retiro de Yuste.
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