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Como Carlos V había frecuentado estos
lugares, habría comentado con pasión a su hijo Felipe II las bellezas
de estos parajes. Vestían el paisaje frondosa vegetación de robles, castaños,
pinos, nogales, chopos, alisos... Las canteras de granito estaban a flor
de tierra. Es agua cristalina para sus jardines la aseguraban las gargantas.
La comarca tenía muchos y buenos artesanos. Se daban todos los ingredientes,
y hay relatos que certifican que hubo sobradas intenciones:
El hijo de Carlos V,
el rey de toda España
con un nutrido cortejo
de abogados, arquitectos,
maestros de cantería,
carpinteros y artesanos...
Clérigos de monasterio,
y consejeros leales...,
recorrieron las solanas,
el monte de las Presillas
y el llano de la Guilera...
Buscaban emplazamiento
a las estancias reales...
Los bosques inagotables.
Con las rocas los sillares.
El agua para las fuentes.
Las tejas de los tejares...
Regresaron satisfechos.
En Tormellas lo escucharon.
Por Bohoyo aseveraban
que era el lugar adecuado.
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